sábado, 28 de junio de 2008

Esta será mi última entrada en un mes, porque me voy a Canadá. Y quiero que sea tan especial para vosotros como lo es para mí, y espero también que más de uno se sienta identificado. Ya sabéis, tanto si os gusta, como si no, dejad vuestra huella en los comentarios. Gracias a todos, por estar ahí de una forma u otra. Os quiero.


Se sentía atada de pies y manos. Ciega, perdida, sorda. Esperaba anhelante una llamada, cuando fuera, sea la hora que fuere. Ansiaba los besos de quien había apretado la venda de sus ojos y la cuerda de sus manos. pero siempre ocurría igual: O no llegaban, o sentía que eran limosna, una recompensa al esfuerzo de estar siempre ahí. Se sentía puteada, con todas las letras. Sentía que su autoestima había tocado fondo. Se sentía utilizada.
Pero por una noche no.
Eran sólo dos buenas amigas que se reunieron para cenar al aire libre y acompañadas de una botella. Pero las dos sabían que ésa iba a ser su noche. Que la despedida tendría que ser, como se suele decir, a lo grande. Y corrió el alcohol, y el Bacardi, a trío con el sabor a manzana y el Ballantines, las hicieron bailar a la luz de las colillas de un cenicero y al ritmo de Héroes del Silencio. Recorrieron bares, compañías, copas, tabaco y ella, además, el olvido por unas horas. Y cuando volvió del baño del último bar, de repente, él. Un guitarrista con callos en los dedos y escondido detrás de un flequillo, que se empeñaba en no tener una mirada inocente a pesar de sus diecinueve años. Un chico creído y delgado que la besó a los diez minutos de conversación insustancial, y así estuvieron, besándose abrazados hasta que el cansancio derrotó a la compañía y
él la obligó a prometer que se verían en el concierto de septiembre.

Quien la ató de pies y manos volvió a desaparecer, pero esta noche daba igual. Porque ayer corrió el Bacardí con sabor a manzana y a Héroes del Silencio, una amiga me demostró una vez más lo mucho que vale, y un guitarrista de diecinueve años con callos en los dedos me ha subido la autoestima hablándome de mis besos.

Quizás todo sea igual a la vuelta, pero esta noche no. Y tenemos una cita pendiente para septiembre.






Lautaro
.



Gracias, Yoly, por la noche de ayer, que fue realmente nuestra. Y a Diego, espero que te haga ver las cosas con otros ojos.
A los demás, os veo en agosto.

2 comentarios:

Lautaro dijo...

.: DaFtPuNk :.|| Tocado y hundido... dice:
Yo no tengo palabras para agradecerte que siempre estes ahi.Quiza ese que ato de pies y manos no te merezca quiza si.Al final la vida pone a todos en su sitio o quiza no.Lo que si es cierto que muchas veces nos merecemos lo que tenemos por idiotas que somos...
Se te va a echar de menos yogurina aunq seguro q alguna noche de insomnio coincidimos por el msn jeje un besazo se te quiere :)

Estela Rengel dijo...

Te esperaré con impaciencia, cariño. Espero que todo te vaya bien por ahí arriba. Muchos besos.