Era un macarra. Un tipo duro que fumaba camel en las zonas de trabajo, y sujetaba el siguiente cigarro entre la oreja y su melena. Un rockero de la vieja escuela que sonreía como un niño cada vez que subía a verme.
Guardaba su cajetilla en un bolsillo cerca del hombro, y adoptaba siempre posturas de chulo y cara de mala hostia. Acojonaba a cualquiera que no lo conociera. Y detrás de esa máscara, su timidez.
Era un macarra al que le tembló el cigarro al posarlo en sus labios y pronunciar un último adiós. Era un tipo duro al que se le cayó una sola lágrima cuando me abrazó entre bromas. Era un rockero de la vieja escuela que se sonrojó al llevarme de la mano.
Era, y es, simplemente, Juanjo.
Lautaro.
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1 comentario:
Joder, me encanta leerte. Y lo de la estrella de Hollywood unas entradas atrás... Genial.
Me gusta más que nada porque a la vez que leo, me vienen imágenes, me lo imagino todo y eso hace que un lector se enganche, al menos, a mí me pasa.
Un besazo, guapa.
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