Empezó jugando con su lengua, despacio, sin prisa, pero con el ansia de recorrerla entera apremiándole. Le mordió el cuello mientras la acariciaba, porque sabía que le gustaba y quería escucharla gemir. Sacó las esposas del cajón.
-Hoy vamos a jugar. Hoy vas a ser tú mi niña mala.
La encadenó al cabecero de la cama, le vendó los ojos, y siguió dedicándose a rozarle el ombligo, los muslos, y cuanto pillaba a su paso. Acabó encima de ella, jadeando.
Sonreía, aún atada y a ciegas.
-Ha estado bien, para haber sido sólo sexo.
El disparo resonó en el callejón, bajo la ventana.
-Porque tú, o eres mía, o de nadie.
Lautaro.
Un globo, dos sexos, tres orgasmos, cuatro risas, cinco besos, seis gemidos, y ríe la luna por nada...
Texto compartido. Yo he puesto la letra, la idea fue tuya, Isy.
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