martes, 10 de junio de 2008

Le gustó aquella desconocida de caderas anchas y cara de porcelana. Sujetaba el cigarro con desgana encerrada en aquel antro del heavy metal, y parecía dispuesta a beberse la noche apoyada en la barra del bar. Miraba con suspicacia a esa amiga suya que besaba a toda mujer que se le acercara, y le tocaba el paquete a cualquier chico que pasara por allí cerca, y sonreía cada vez que fijaba la vista en sus pantalones con estampado de cebra. Se había adueñado de aquel rincón, como si nada en quel ambiente fuera con ella, y la vio entrecerrar los ojos a través del humo para entretenerse mirando las partidas de billar que jugaban al fondo, casi al lado de los baños. Se acercó, tambaleante.
-¿Nunca te han dicho que pareces una xana?
-No.
-Eres preciosa. Como un hada. Un hada de los bosques. Una xana.

Ella no sonrió. No le siguió el juego, y siguió fumando, despacio, agarrada a su copa de Bacardi con sabor a manzana. Pero le besó, y dejó que sus dedos se enredaran en su pelo rizoso, para acabar jugando a conocerse entre sábanas.

Y nunca más volvió a verla.






Lautaro.

2 comentarios:

Nadie dijo...

se marcho para siempre...como el tiempo...
el pasado se queda atras por mas que lo intentamos recuperar

Estela Rengel dijo...

Joder, tia... Esta entrada mola, sobre todo porque casi todo el mundo tiene un bar de ese estilo en el que ambientarse y conoce gente como la que describes para imaginarse... Lo que yo te diga, que estimulas mi imaginación...

:**