domingo, 25 de mayo de 2008

-Me juraron que de las hostias se aprende.
-¿Y no has aprendido nada?
-He aprendido, me he vuelto desconfiada. Aprendí a llorar como una niña. Que el día cuatro de cada mes sólo es una fecha más.
-Y sin contárselo a nadie.
-Y cada vez que me levanto me vuelvo a caer. Cada vez la hostia contra el suelo me duele más.
-Tienes que buscarte alguien que...
-Hasta los cojones estoy de tu frase. Hasta los cojones. Quiero ser feliz, por una vez. Sólo necesito alguien que me cuide, pero de verdad. Sin mentiras, sin engaños.
-Eso ya lo hago yo.
-Pero tú eres un hombre castrado.



Lautaro.




Despierto con pocas ganas, como expulsado del cielo, y crujiéndome los dedos he empezado a escribir. Despunto el lapicero a la vez que el desconsuelo, pero reconozco la fecha: Hoy es veintidós de Abril. Nunca sobran las canciones y siempre tengo algo que decir, pero ella merece más una letra que las calles de Madrid...

Porque hace ya dos años me quiere a quemarropa, con la inocencia de un niño con su primera copa. Pierdo la estridencia; vivo sin motivos; Aprendo a tener paciencia… y escribo.

Miro al fondo del café y me acuerdo de fumar, y entre el humo del cigarro palidece mi ansiedad.
Mientras duermes yo te escribo, a ratos me giro hacia atrás, a observarte con los ojos que un preso ve su libertad...

Porque hoy no hay guerras civiles si echamos el pestillo, y aunque sigue siendo cutre, el mundo, ya no es un ladrillo. Setecientos treinta y tantos días de tu sonrisa, haciendo que la vida no sea papel de lija...

1 comentario:

Estela Rengel dijo...

Hoy no sé qué ponerte, la verdad...

Me gusta mucho el ritmo que tiene la parte final, que no sé si es tuya, es una canción o qué, pero me ha gustado.

:***