Detrás de cada historia siempre hay un principio, y éste es el mío.
Corría el verano del 2002 cuando empecé a fumar. Todo el mundo recuerda aquel verano como el mas caluroso en mucho tiempo... Y nosotras, por ser el verano más especial. El nuestro.
Sólo estábamos ella y yo cuando compramos nuestra primera cajetilla a medias, una noche de julio, después de salir de la discoteca empapadas en sudor, propio y ajeno. Nos sentamos en un bordillo a la salida del local, sin demasiados miramientos. Nosotras no éramos como las demás. Nosotras éramos duras, poco femeninas, insensibles, y ante todo, fuertes y con huevos, por eso fumábamos Marlboro, no como las crías que se atragantaban con el humo de un Lucky Strike. Tosimos como condenadas. Nos mareamos con aquel cigarro que fumamos a medias, y perdimos la noche entre historias, humo, y alcohol con sabor a manzana.
Llegó agosto, llegó ÉL, el chico que sería mi primer amor de verano, y como llegó, con aquella sonrisa sudamericana y aquellos besos fugaces detrás de la iglesia, se fue, y a nosotras nos acorraló septiembre. Éramos duras, éramos insensibles, teníamos huevos. Y bajo el humo de un Marlboro que fumamos a pachas, lloramos como niñas a la sombra de un par de canciones de Eros Ramazzoti. No aparecimos por casa en toda la noche y dormimos al raso, enchufadas a aquel discman al que le costaba tanto regalarnos canciones, y cuando volvimos, al amanecer, ojerosas y con los ojos hinchados, supimos que todo había cambiado.
Hoy corre ya el 2008, y he vuelto a verla en abril.
-Has vuelto.
Me abrazó, llorando, y yo saqué la cajetilla de Marlboro del bolso, porque las buenas costumbres nunca mueren.
-¿Te hace un cigarrillo a pachas?
Lautaro.
Para L., mi hermana de otra madre.
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1 comentario:
Me gusta cómo escribes, jodida.
Aunque no haya vivido las mismas cosas, eres capaz de recordarme historias propias y me encanta el tono duro y sin tanta sensiblería que se ve en pocos blogs.
Lectora fiel vas a tener en mí...
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