Vuelvo a hacerme un blog de éstos. Porque me sale de los cojones, hablando en plata, y porque siempre los utilizo para desahogarme.
No se atrevía ni a tocarla. No se atrevía a rozarla o besarla. No tenía los cojones necesarios para decirle que si le diera la oportunidad, se pasaría el resto de su vida intentando que fuera la mujer más feliz del mundo.
Pero ella se giró, y le besó sin preguntarle. y acabaron acariciándose y perdiendo la ropa en las escaleras de un portal. Acabaron ahogando gemidos entre sudor y mordiscos.
Y al día siguiente todo siguió igual.
Bienvenidos a Masturbaciones metafísicas.
Lautaro.
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