martes, 23 de julio de 2013

La comida duró dos horas. La sobremesa, el café con hielo y baileys y el tabaco, tres. En el coche cinco personas cantábamos un himno de Bon Jovi mientras cruzábamos las calles de Gijón. Risas, gritos, ganas de llorar. Unos vuelven a su tierra, otros se van lejos, otros nos quedamos, aunque deseando irnos. Nos alejamos, y no como otras veces. Esta vez no hay promesas de volver a vernos que nunca podremos cumplir. La vuelta a casa la hice sola y al reiniciar el disco volvió a sonar la misma canción, pero de repente ya no era un himno.
Y así es como Living on a Prayer se convirtió en la canción más triste del mundo.
http://www.youtube.com/watch?v=lDK9QqIzhwk

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